Por Alejandra Fonseca/alefonse@hotmail.com
Drawings By Luca Mantovanelli
No es lo mismo sentir placer que sentir alegría o gozo. Es distinto. Hay que distinguir. El placer, Erich Fromm, en su libro “¿tener o ser?” lo define como “la satisfacción de un deseo que no requiere actividad” (actividad en el sentido vital de “nacer dentro de sí mismo” y no en la acepción de “estar ocupados”).
El placer es éxtasis momentáneo. Sensación eufórica al satisfacer necesidades biológicas y/o condicionadas. Es un gran sentimiento de libertad al poseer, al tener. Se concentra en el ego. Nos da un sentimiento de identidad. Sucede por circunstancias externas. Y al estar en la cumbre y consumarlo, va en búsqueda permanente de placeres nuevos. Porque siempre intenta terminar con el aburrimiento. No tiene punto de saciedad, aún al estar limitado por la fisiología del cuerpo.
“La alegría o gozo es el resplandor que acompaña al ser”, dice Fromm. La alegría viene del corazón, de la intimidad del ser humano. Es una actitud que se decide. La alegría observa y se regocija por lo que es. Viene del ser y no del tener. Se expresa en cada momento único. Y no se agota. Es manantial. Es juego. Es risa y se contenta.
El placer es una cumbre; el gozo es una meseta. El placer es búsqueda; el gozo, ocurre. El placer se sacia; el gozo, fluye. El placer es temporal; el gozo, permanece; el placer exige, el gozo agradece. El placer se provoca, el gozo es espontáneo. El placer es limitado; el gozo, pleno. El placer da seguridad; el gozo, paz. El placer reacciona; el gozo, acciona. El placer es expectante; el gozo, espera…
El placer nos estremece. El sexo sin amor es una experiencia cumbre, pero la consumación no llena el vacío… El sexo solo no colma el hueco que crece por dentro.
“Después del coito el animal se siente triste…” dice el dicho. Sentir sólo placer solo no cambia nada dentro de nosotros mismos… Por eso se siente triste el ser humano. |