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Carta Pastoral del Obispo de la Puebla. Treinta de septiembre de 1810
 
Por: Lic. Aldo Roberto Rivero Pastor

» Alerta contra los desnaturalizados Cura Miguel Hidalgo, Capitanes Allende y Aldama:

En este artículo inserto fragmentos de esta Carta Pastoral que consta de 16 páginas impresas, en que el Señor Obispo; pasados 14 días del “Grito de Dolores”, alerta a sus fieles sobre los PERVERSOS personajes, inculcando a su feligresía, el respeto a sus gobernantes y por ende a la Santa Madre Iglesia, este prelado que fue muy preocupado por su diócesis, era oriundo de la Villa del Mineral de Veta Grande, en Zacatecas; entre los beneficios que dio a la población, fue la obligación de la vacunación masiva contra la viruela, aquí recordemos al famoso Galeno Don Juan Bautista Crivelli, oriundo de Génova, Italia, hijo de José Crivelli, quienes fueron secuestrados durante un viaje, siendo esclavos de un Visir en Constantinopla, sólo el hijo logra fugarse de su cautiverio. Ya en España, (Barcelona), estudió la medicina en el Real Colegio de dicha urbe; viajó a la Habana, de allí a Veracruz, en la fragata de guerra “Sirenay”, por tierra llegó a la Ciudad de México, introduciendo la vacunación contra las viruelas, se retiró en esta Puebla Ciudad de los Ángeles y está enterrado en la capilla Relicario del Carmen. Sin duda trató con el Obispo para esta inoculación global, cabe acotar que por el asedio de los Insurgentes este médico resolvió pedir su retiro a esta Angelópolis y le fueron otorgados sesenta pesos mensuales con el grado de cirujano, pero según sus memorias por la hostilización Insurgente y la espantosa miseria no le pudieron ser completadas sus mensualidades...

Fragmentos de la Carta Pastoral:

“NOS D. MANUEL IGNACIO GONZALEZ DEL CAMPILLO, por la gracia de Dios y de La Santa Sede Apostólica Obispo de La Puebla de los Ángeles, del Consejo de S. M. & C.

A todos nuestros amados diocesanos, salud y paz en nuestro Señor Jesucristo.

En una época tan calamitosa como la presente, lo que faltaba para colmo de nuestra desgracia era una revolución interior. Esta se ha manifestado, según los papeles de la superioridad, el día 15 del que acaba en el pueblo de Los Dolores, acaudillada por su cura Don Miguel Hidalgo, y los capitanes Don Ignacio Allende y Don Juan Aldama. No hay expresiones con que significar bastantemente la temeridad de una empresa tan desatinada, ni la gravedad de los excesos y atentados que han cometido contra sus paisanos y nuestros caros hermanos los españoles europeos. Esos hijos desnaturalizados, degenerando de la humildad, moderación, respeto a las autoridades constituidas, fidelidad y religión, que han caracterizado hasta ahora a la nación americana; han levantado el estandarte de la rebelión para manchar la reputación de sus compatriotas y executar en ellos las mayores crueldades, siguiendo los detestables principios de los franceses han saqueado los conventos, han profanado las Iglesias, han manchado sus manos en la sangre de los inocentes y han cometido las mayores torpezas.
 
 
Las crueldades de esos Bandidos, que prometiendo felicidad, como Napoleón, no harán más que robar y saciar sus torpes apetitos; despertarán la atención de todos y exaltaran sus nobles sentimientos de lealtad, patriotismo, amor y fidelidad a nuestro legítimo Soberano el Señor D. Fernando VII, en cuyo real nombre nos gobierna el Consejo de Regencia, a cuya obediencia los hemos obligado por un juramento solemne.

Alerta pues, hijos míos, y no os dexeis engañar; firmes en los principios que habéis seguido por el espacio de casi tres siglos, resistid toda subversión y sed fieles, como hasta aquí, en cumplir vuestros juramentos. Sabed, que la revolución no es obra de la razón; es hija del vicio, de la ambición, de la mala fe…

He vivido entre vosotros, hijos míos, por más de treinta y cinco años y mi larga residencia en esta diócesis, y los destinos que he servido en ella, me han proporcionado conocer a fondo vuestro carácter dulce, amable y pacífico: vuestra docilidad, subordinación, amor a los prelados y respeto a los jueces…
     
 
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